Por Antonio Las Heras.
Desde hace algún tiempo hemos comprobado la actividad de personas que confunden a la población, a través de las redes sociales, haciendo una prédica desde un presunto enfoque científico, en la que afirman que la Parapsicología es pura charlatanería, a lo sumo seudociencia, que quienes nos ocupamos de ella jamás hemos conseguido comprobar fenómeno alguno y que no se trata de otra cosa que del resurgimiento de supersticiones, aunque presentadas con argumentos más acordes a esta época. Dicho de otro modo, que los parapsicólogos seríamos los brujos y hechiceros del siglo XXI.
Naturalmente todo esto es falso. Y el hecho de que algunas personas utilicen el rótulo de “parapsicólogo” para encubrir tareas de adivinación, curanderismo o esoterismo, en modo alguno invalida la realidad de la Parapsicología como ciencia bien constituida dentro de las llamadas humanísticas.
Todo lo que hoy critican incorrectamente los llamados “escépticos” o “refutadores de las seudociencias” ya fue aclarado, con total precisión e idoneidad, a fines de los años cincuenta del siglo XX por uno de los mayores genios de la investigación psicológica. Me refiero al doctor en medicina, psiquiatra y creador de la escuela de Psicología Profunda que fuera Carl Gustav Jung (1.875/1.961).
Jung mantuvo un profundo interés por la Parapsicología y los llamados «fenómenos ocultos» a lo largo de toda su vida, considerándolos hechos significativos vinculados a la psique y no meras supercherías
Sobre la crítica hecha a la dificultad para repetir los experimentos parapsicológicos en laboratorio, señala el sabio de Zurich:
“El planteamiento propio de las ciencias naturales apunta a hechos regulares, y en la medida en que caen dentro de la órbita de la experimentación son susceptibles de ser reproducidos. Con eso se dejan de lado los sucesos únicos y raros.
Añádase que el experimento impone a la naturaleza condiciones restrictivas, por cuanto pretende impulsarla a responder a las preguntas concebidas por el hombre. Cada respuesta de la Naturaleza, por lo tanto, hallase ya incluida por la índole de la pregunta planteada, no pudiendo ser el resultado final sino un producto híbrido. La llamada concepción científica del mundo basada en tales productos no puede, en consecuencia, ser otra cosa que una visión parcial que adolece de prejuicios psicológicos y en la cual se echan de menos aquellos aspectos que no por ser imposibles de registrar estadísticamente dejan de tener importancia”.
En cuanto a por qué hay personas que, ciertamente, dedican su tiempo y esfuerzo a calumniar a quienes nos dedicamos a estos estudios, falsear la verdad y negar evidencias obtenidas fuera de toda duda razonable, Jung razona:
“La superstición primitiva subsiste bajo la piel incluso de sus individuos más ilustrados, y son precisamente aquellos que con más vigor la combaten, los primeros en sucumbir a su poder sugestivo. Por lo tanto, cuando un experimento serio apoyado por la autoridad científica toca esa predisposición, inevitablemente suscitará una emoción que lo acepta o rechaza afectivamente. Sea como fuere, de una u otra manera se origina una expectativa afectiva, aun cuando se niegue su existencia”.
Y alerta Jung en las páginas de su libro `Sincronicidad`: “Por eso, debemos escudriñar en los rincones más recónditos y armarnos de valor para superar los prejuicios de nuestra época, si queremos ampliar las bases de la naturaleza de nuestro entendimiento.”
En 1960, un año antes de que desencarnara, Jung escribió en una carta: “Los fenómenos psíquicos paranormales me han interesado toda la vida. Generalmente, como ya he mencionado, se presentan en estados psicológicos agudos (emocionalidad, depresión, shock, etc.) o, con mayor frecuencia, en individuos caracterizados por una estructura de personalidad peculiar o patológica, donde el umbral hacia el inconsciente colectivo se encuentra habitualmente disminuido. Las personas con un genio creativo también pertenecen a este grupo.”




